Love to Hate You ・ 연애대전 ・ El amor da mucha guerra
© Binge Works ・ Studio S ・ Netflix
Territorio ·CUERPO, IDENTIDAD Y MÁSCARA
La mujer que sabe y el margen que se le concede
Algunas coincidencias entre lenguas dejan de parecer casuales cuando empiezan a señalar una misma incomodidad
Estaba estudiando coreano. En ese momento en el que una lengua nueva apenas empieza a insinuarse. Y fue ahí, sin buscarlo, cuando una palabra me hizo detenerme más de la cuenta.
La palabra era 여우 (yeou, en coreano romanizado).
La traducción del diccionario decía zorra, hasta ahí, nada extraño. Pero en la línea siguiente aparecía otra acepción: actriz, y entonces algo hizo clic. No por la polisemia —todas las lenguas la tienen—, sino por la familiaridad incómoda de esa asociación. En español, zorra tampoco pertenece únicamente al mundo animal, también se aplica a un determinado tipo de mujer. Esa coincidencia empezó a sentirse menos anecdótica y bastante más significativa.
En español, zorra funciona como una palabra que coloca, juzga y reduce. Se dirige hacia una mujer concreta: la que entiende el juego social, emocional o sexual y sabe moverse dentro de él. La palabra aparece alrededor de una forma de inteligencia femenina consciente de sí misma, una inteligencia que observa, calcula y actúa. Y esa figura ha generado históricamente una incomodidad persistente.
En coreano ocurre algo cercano, aunque con otra textura. 여우 remite también a la astucia, al cálculo, a la seducción. Aplicada a una mujer –especialmente a una actriz–, la palabra conserva una carga ambigua, puede sonar crítica, puede adquirir un matiz irónico y puede incorporar incluso una cierta admiración. La lengua parece moverse alrededor de ese tipo de poder femenino sin fijarlo del todo en un único lugar.
Lo más desconcertante no es la ambigüedad, es la coincidencia
Dos culturas alejadas, con historias y trayectorias distintas, recurriendo al mismo animal para nombrar una forma parecida de inteligencia femenina: la zorra, la figura que observa, calcula y sabe actuar.
La sensación que deja esa coincidencia resulta difícil de ignorar. En lugares muy distintos parece activarse una reacción parecida cuando la inteligencia femenina aparece de forma visible y autónoma. La lengua desplaza entonces esa figura hacia lo animal y construye desde ahí una manera de nombrarla.
Love to Hate You ・ 연애대전 ・ El amor da mucha guerra. © Binge Works ・ Studio S ・ Netflix
Pensando en esto, la ficción coreana apareció casi de forma inevitable, no como teoría sino como experiencia acumulada de espectadora. Porque hay algo que se percibe en muchas producciones recientes, incluso antes de intentar formularlo.
En la serie Love to Hate You (연애대전: guerra de citas – El amor da mucha guerra) la protagonista mantiene una personalidad directa, competitiva, inteligente y emocionalmente consciente. El relato la acompaña dentro de esa forma de estar en el mundo y deja visible la incomodidad que genera alrededor, la tensión se desplaza hacia quienes intentan recolocarla dentro de un marco más manejable.
Algo parecido ocurre en la película Love and Leashes (모럴센스: sentido moral – Amarrados al amor). Bajo una apariencia ligera y casi juguetona, la película sitúa el deseo femenino consciente en el centro del relato y deja que los personajes negocien límites, deseo y poder con naturalidad, mientras la historia avanza dentro de esa negociación sin convertirla en un juicio moral permanente.
Love and Leashes ・ 모럴센스 ・ Amarrados al amor. © Seed Film ・ Netflix
No creo que Corea esté libre de tensiones, conflictos o movimientos extremos relacionados con el género. La sociedad coreana convive con ellos, como cualquier otra. Lo que me interesa aquí es otra cosa: la manera en que ciertas narrativas populares ensayan equilibrios distintos y permiten que personajes incómodos existan sin necesidad de convertir cada escena en un campo de batalla. La convivencia aparece llena de contradicciones, fricciones y reajustes, y precisamente por eso resulta interesante observarla.
Ahí volvió zorra: esta vez en España
En el 2024, la canción Zorra, interpretada por Nebulossa, llevó esa palabra al festival de Eurovision con la intención explícita de reapropiarse de ella. La palabra salió del susurro y pasó al centro de la escena. Lo que apareció después fue igualmente revelador: debate, incomodidad, ruido, preguntas sobre si era provocación, si era necesaria, si representaba bien o mal al país.
Más allá de gustos personales, lo que se hizo visible fue el margen tan reducido que todavía tiene esa palabra en español para desplazarse hacia otros significados. Zorra sigue funcionando sobre todo como insulto o como gesto de provocación defensiva. La ambigüedad encuentra poco espacio para asentarse. Quizá ahí la ficción también tenga algo que ver, puesto que muchas veces la mujer astuta sigue apareciendo acompañada de moralina, castigo o caricatura, como si todavía necesitara justificarse antes de ocupar plenamente el centro de la escena.
Cuando me encontré con 여우 no estaba buscando una reflexión sobre género, ni sobre Corea, ni sobre España: estaba estudiando un idioma. Pero hay palabras que se quedan porque conectan con algo que ya estaba ahí.
Tal vez por eso aprender otra lengua resulta tan revelador. La experiencia no consiste solo en acercarse a otra cultura, también reorganiza la mirada sobre la propia. A veces observar cómo otros lugares ensayan sus equilibrios —con avances, retrocesos y contradicciones— permite mirar los nuestros con una distancia distinta: sin consignas, sin bandos, con atención.
Love and Leashes ・ 모럴센스 ・ Amarrados al amor. © Seed Film ・ Netflix
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