Strong Girl Nam-soon · 힘쎈여자 강남순 · Una chica fuerte llamada Nam-soon
© Barunson C&C · Story Phoenix · JTBC · Netflix
Territorio · LENGUA Y POSICIÓN
Aprender coreano y descubrir que el tú tampoco está ahí
Lo que empieza como una curiosidad gramatical termina afectando a algo más básico: la forma de situarse dentro de una conversación
Mi profesor de coreano comentó un día que la tercera persona gramatical apenas se usa, que él y ella aparecen muy poco y que lo habitual es repetir el nombre, el cargo o simplemente omitir el pronombre. En ese momento no le di demasiada importancia, lo tomé como una curiosidad más, pero con el tiempo entendí que no era algo puntual ni se limitaba a la tercera persona: la segunda funciona prácticamente igual.
En los manuales aparece el pronombre: 너 (tú), y eso tranquiliza porque parece que todo encaja con lo que ya conocemos. Pero en cuanto empiezas a escuchar conversaciones reales, ese tú desaparece. No es que se cambie por una forma más formal, como haríamos nosotros si usamos el usted: simplemente no se usa. Y en su lugar aparece algo que al principio desconcierta: no se habla a un tú en abstracto, se nombra directamente el lugar que ocupa la persona.
La relación que el coreano mantiene constantemente situada
Ahí es donde se empieza a notar la diferencia: donde en español usaríamos un pronombre, en coreano aparece el cargo, el rol, la posición —profesor, directora, hermano mayor, tía, jefe— que es la manera normal de dirigirse a alguien. El tú, en comparación, se queda corto, es demasiado plano para una relación que el idioma mantiene situada. Por eso decir 너 puede sonar brusco o demasiado directo, porque simplifica en exceso.
Con la tercera persona ocurre algo parecido: él o ella se sustituyen por el nombre o por el rol, o directamente desaparecen, porque el discurso no gira tanto en torno a individuos aislados como a posiciones que siguen estando claras aunque no se nombren. El problema no está tanto en identificar al otro como en colocarse uno mismo. Es por eso que la lengua coreana también hace distinciones en la primera persona gramatical: existe 나 (yo, neutro) y 저 (yo, forma humilde). La primera persona se afina, mientras la segunda y la tercera se difuminan.
El cuidado se pone en el lugar desde dónde se habla
En los k-dramas se percibe muy pronto, incluso antes de entender bien lo que dicen. Los personajes no se dicen tú, se llaman por el cargo, por el rol familiar, por el nombre, o no se llaman. Cuando el hablante deja de usar el cargo y pasa a usar el nombre propio del oyente, o introduce de repente un 너 que antes no estaba, la escena cambia. Se nota porque cambia la posición desde dónde se dice.
Esto se hace aún más visible en la ficción cuando se quiere mostrar que el sistema se ha aprendido fuera, sin el contexto que lo sostiene. En la serie Strong Girl Nam-soon (힘쎈여자 강남순: Mujer fuerte Kang Nam-soon – Nam-soon, una chica superfuerte), la protagonista llega a Corea hablando un coreano totalmente informal que en términos estrictamente gramaticales no sería incorrecto; pero, sin embargo, no funciona. No porque las formas estén mal construidas, sino porque están mal situadas. Ella ha aprendido a hablar sin haber aprendido a colocarse. Lo que para ella es una forma de comunicación, para los otros es una forma de desajuste: no reconocen en su manera de hablar la relación que debería establecer con los demás.
Strong Girl Nam-soon · 힘쎈여자 강남순 · Una chica fuerte llamada Nam-soon © Barunson C&C · Story Phoenix · JTBC · Netflix
En el ámbito familiar esa estructura se vuelve todavía más visible. Nadie se dirige a un padre, a una madre o a un hermano mayor con un pronombre neutro: el rol es la forma de nombrar a esa persona, incluso cuando hay conflicto. Puede haber distancia o discusión, pero ese lugar no va a desaparecer sin que se produzca un fisura y que todo cambie.
El resultado es que el coreano no evita el tú porque ignore al otro, sino porque lo sitúa dentro de una posición concreta, el pronombre deja de ser necesario cuando esa posición ya está en la palabra.
Aprender esto incomoda un poco porque venimos de una lengua en la que el intercambio entre yo y tú parece suficiente para sostener una conversación. Aquí no: aquí eso se queda corto porque la relación se apoya en tener claro desde dónde habla cada uno. Quizá por eso la segunda y la tercera persona se diluyen mientras la primera se afina, ya que el vínculo no nace del pronombre: nace del lugar que cada palabra ya lleva dentro.
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